viernes, 9 de septiembre de 2016

Perdamos el norte, o lo que sea

Esto es insoportable.  Es muy difícil. Es un momento muy importante de nuestras vidas, aunque tengamos muchísimo camino por recorrer tanto juntos como separados. 

Es raro, porque aunque en este momento aunque te repita mil y una veces que quiero que me eches de menos, que no tenemos que hablar, y que no tenemos que vernos, quiero todo. Quiero todo contigo. Quiero volver a estar esperándote media hora en tu balcón esperando a que bajes tan preciosa como siempre. Quiero ser el primero que huela tu colonia nueva. Quiero tener que joderme sin poder besarte en los labios porque te los acabas de pintar.

Esto es raro. Muy raro.

En esto siempre se nos ha dado muy bien ser unos cobardes. Al principio nos daba miedo a darnos la mano, y luego simplemente a discutir por cosas que nos molestaban. Tonterías al fin y al cabo. Pero ahora se nos está dando muy buen ser unos cobardes en esto, en lo que nosotros, sí, tu y yo tenemos. Estamos dejando de lado una valentía cuando lo que nos marca en nuestra vida son los errores, y volver a aprender de ellos. Es volver a recaer en una herida, porque así se curará.

Pero no quiero que dejemos de lado la valentía cuando simplemente somos uno. Cuando te regañaban tus padres por llegar tarde mientras estabas conmigo en un parque. O en el coche. Cuando llegabas tarde sin saber ni siquiera que hora era, porque no te importaba. Porque te daba igual llegar tarde, o temprano, si el motivo era que estuviéramos juntos.  Y sí, ser valiente significa no volver a diferencias entre tarde y temprano. Porque, si el amor existe, tarde o temprano volveremos a las mismas redes que nos envolvieron en alguna ocasión. Y no debemos dejar de ser valientes. No debemos dejar esa red.

No quiero volver a darte un beso de despedida por la noche. Quiero volver a despertarte de una larga noche de posturas extrañas, calores, y enfados por ver quien tiene más sábanas de los dos. Quiero despertarte con cosquillas y que te enfades, y me des la espalda porque quieras dormir cinco minutos más. Que no seas ni capaz de abrir los ojos, y yo no sea capaz de dejar de mirarte las mejillas rosadas y el pelo despeinado cuando te levantas. 

No sé si esto es un error. No sé si me estoy equivocando en seguir intentándolo. En seguir a pie de cañón. En seguir queriendo volverte a ver en cada instante. No lo sé, porque esto es muy raro. Pero yo soy de los que si se equivocan, se vuelven a equivocar por si acaso la primera vez no me equivoqué bien. Porque hay equivocaciones que no son errores, sino aciertos, y tu eres mi mejor acierto

Siempre me has dicho que no tenga las expectativas altas. Que no sea optimista con lo nuestro. Y, pese a que no te lo creas, no soy de tener expectativas muy altas. 

Cuando estoy en mi cama y te echo de menos, me acuerdo en cada momento de ti, y te imaginaba como la chica más guapa del universo. Luego te veía, y lo eras más de lo que me había imaginado.

Me quedo con esta frase, de Iago de la Campa, porque define exactamente nuestro deseo, nuestra pasión, y también nuestro amor. 

"Si nos dejamos para mañana, que sea porque no queremos que se acabe hoy, no porque falten ganas. Y siempre dejabas para mañana lo de matarme, aunque se que te morías de ganas".

Te quiero mucho Beatriz. Eres mi mayor descubrimiento, y ojalá podamos seguir descubriendo muchísimas cosas más. A ti, y a mi. 

PD: Lo siento por ser a veces tan enfadica.
PD (II): Preciosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario