De todas las mujeres que hay en el mundo, me enamoré de ti.No quiero que acabe nunca 🔐💕 pic.twitter.com/kmW2GTT5vM— Chica 26 (@_indiference_) 25 de febrero de 2016
Me enamoré de tí, y de tu sonrisa porque me importaba una mierda lo que pasara si tu sonreías. Eso es lo que quería. Me enamoré de tu boca. De cada palabra. Me gustaba incluso cuando te enfadabas y me ponías morritos para que fuera por detrás y abrazarte para no dejarte ir. Me enamoré, así de claro.
Me enamoré de la forma en que me mirabas. Me enamoré de tus ojos, aunque tu siempre dijeras que eran feos porque no eran de ningún color especial. Me enamoré de cuando cantabas en bajito. De cuando me cogías fuerte de la mano y me abrazabas porque tenías miedo, y te tenía que acompañar hasta arriba de la escalera de tu portal para que no te pasara nada. Me enamoré de lo tonta que te ponías. De cuando nos vacilábamos y siempre acababa en un abrazo porque si no nos enfadaríamos. Y esos abrazos son los que extraño.
Me enamoré de cuando no querías que te mirase mientras comías. Y de cuando te tapabas la cara diciendo que estabas fea, porque llevabas todo el día en casa sin peinarte. Pero lo que no sabias, es que para mí siempre estabas preciosa. La más preciosa del universo.
Me enamoré de las ganas que tenías siempre de estar conmigo. Siempre dispuesta a verme. Joder, de veras que me gustas. De verdad, me encantas. Me enamoré cuando jugábamos a tu tener tus manos rodeando mi cuello, y estar a menos de dos centímetros de mi boca sin besarnos simplemente para ver quien aguantaba más. Y ahora, extraño ser el perdedor simplemente por poder volver a besarte.
Me enamoré de tu vergüenza. De tus mejillas coloradas. De tus nervios antes de cada examen, y tener que mandarte muchos mensajes de ánimo. Me enamoré no de lo perfecta que eras, sino como eras de diferente y como conseguías hacer que me sintiera único. De tu manera de quererme.
Me enamoré de todas nuestras conversaciones que tanto nos costaba borrar. De todas nuestras fotos juntas, que no son pocas. De tus maneras de intentar ponerme celoso, y de lo mal que te sentaba cuando lo hacía yo. Nunca te he podido decir todo lo que pienso cuando escucho 'Matemática de la carne' y pienso en ti. En nuestra canción. En que por fin te encontré.
Me enamoré de tus enfados cuando te imitaba con voz ridícula, y de como corrías detrás de mi para que te diera la nariz. De como me cuidabas, y de como te sentías cuando estabas conmigo. De nuestros mil momentos. Porque sí, sigo enamorado. Sigo enamorado de cuando me hablabas susurrando por teléfono para que no se enteraran tus padres, y de cuando te enfadabas porque no me daba cuenta que te habías rizado el pelo.
Y es que nunca te lo he dicho, pero extraño tu risa, y el olor de tu pelo. Porque sigo enamorado de ti. Y no quiero que este sentimiento acabe nunca.
¿Cómo se sabe si has pasado página? ❤ pic.twitter.com/8v3WRZGrtx— Chica 26 (@_indiference_) 10 de mayo de 2016
Por eso estoy haciendo todo esto. Cuando te veo no se me caen las bragas, pero sí el mundo. Se me para el mundo, y se me cae. Se me dilatan las pupilas y se me dispara el corazón a mil por hora. Se me entrecorta la respiración, y me pongo nervioso cuando me miras. Porque llevo 45 días que no me reflejo en tu mirada, porque cuando me miras agacho la cabeza avergonzado.
Porque estaba detrás tuya y no podía dejar de mirarte el culo. Y estabas a mi lado, y lo único que se me pasa por la cabeza es darte un pellizco y acariciarte el brazo, como si no te dieras cuenta. Porque esos momentos son los que me llenan de felicidad, el saber que estás y vas a estar ahí.
No me merece la pena nada más que no se llame Beatriz.
Si tu te quedas;— Chica 26 (@_indiference_) 22 de mayo de 2016
yo me quedo también. pic.twitter.com/UhT4r3SEZP
Somos la pareja perfecta. Para estar juntos. Y si tu te quedas, yo me quedo.
Porque llegaste de repente, sin esperarlo. Como uno de esos huracanes de asolan todo a su paso. Porque eras aire fresco, pero arrasaste, destrozaste todo, y te fuiste sin avisar. Dejaste mi vida removida, pero quería que estuviera así. Y aunque he intentado volver a organizarla, sigo queriendo que ese huracán vuelva a mi vida y vuelva a destrozar todo de repente, pero que esta vez no se vaya.
Podría dar todo de mí, para un algo de tí. Aunque seamos diferentes, y simplemente, vayamos a velocidades diferentes. Tu más lento, yo más rápido. Sea justo o injusto. Juntos eramos felices. Y me da lo mismo que yo llevara la sexta velocidad puesta y tu siguieras con el freno de mano. Porque al final todos los caminos llegan a las ruinas de Roma, como si hubiera pasado tu huracán por allí. Como si ya hubiera estado. Como si ya me hubieras querido una vez. Porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen. Y que más da si es más despacio o más deprisa. Al final, siempre gana la tortuga.
Porque no se si esto que estoy viviendo es el amor. O lo era antes. Pero he visto como arde un colchón cada vez que nos sonreíamos. Cada vez que te tumbabas en mi cama, que siempre te ha encantado, y te quedabas dormida. Cada vez que te besaba. Cada vez que me besabas, y me arrancabas la camiseta para hacerme un masaje. Cada vez que, sí, que hacíamos el amor, mi colchón ardía. Y me importa una mierda volver a quemarme, porque quiero volver a sentir el calor de las brasas, y volver a respirar el humo del fuego. Aunque eso, acabe conmigo. Quiero volver a estar contigo. Quiero, que estés conmigo.
Que quiero demostrarte que estar conmigo es lo mejor que nos ha pasado en la vida. Que los astros se alinearon el día que nos conocimos, porque posiblemente no hubiéramos vuelto a conocernos nunca. Que me da igual que seas una puta pared de hormigón. Es que me da igual. ¿Qué me tengo que estampar una y mil veces? Pues yo me estampo. Que me da igual.
Porque si quisieras venir conmigo me tiraría de cabeza al mar con una balsa hecha con tres palos. Aunque largarnos de este barco, fuera ahora una locura. Pero también es una locura estar así, como estamos ahora. Te quiero. Y no pienso dejar de hacerlo por muchos arpones que me dispares. Estoy enamorado de ti, por eso tengo ganas de decirte que...

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